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Ejercicio “UN VIAJE EN EL TIEMPO”

Por Martes, mayo 17, 2016

¿Quieres aprender a descubrir recursos, a rescatarlos y ponerlos a tu disposición?

En mi anterior post, “Celebrar”, de El Rincón de Cleo, te hablaba de cómo a veces sí sabemos hacer algo, pero ese conocimiento no lo ponemos a disposición de otras situaciones de nuestras vidas. Aunque, a veces, ni sabemos que sabemos.

Para explorar este galimatías y llegar a buen puerto, te propongo un viaje en el tiempo para descubrir eso que sabes pero no sabes que sabes.

Me dirigiré a ti como la persona que explora en su vida para hallar recursos. Para ello, busca un lugar en el que puedas estar tranquila, al menos veinte minutos, con espacio suficiente como para hacer un recorrido de unos dos metros sin obstáculos. ¿Lo tienes? Desconéctate del móvil durante ese tiempo y dedícatelo a ti.

Empezamos.

ejercicio pnl linea del tiempoImagina que el tiempo de tu vida se extiende en una línea imaginaria delante de ti. En el centro está tu presente y a cada lado (derecho o izquierdo, según escoges), tu pasado y tu futuro.

Da un paso al frente y sitúate en el centro de esa línea, en tu aquí y ahora.
Respira profundamente, como si te llenaras de aire el abdomen, retiene un instante ese aire y expúlsalo lentamente por la nariz. Repite la respiración dos o tres veces hasta que notes que empiezas a estar más relajado, a conectar con ese punto imaginario de tu línea de tiempo en el que vives tu presente, sin expectativas.

En ese momento, cuando notes que conectas contigo, que estás tranquila, piensa en una situación concreta en la que hubieras deseado actuar de otra forma.

Camina hacia atrás hasta colocarte en el momento en que sucedió dentro de tu línea de tiempo. Cuando sientas que has llegado allí, métete en ella. Puedes ayudarte cerrando los ojos y visualizando la escena. Mira lo que mirabas, escucha lo que escuchabas, siente lo que sentías.

¿Dónde estás?

¿En qué momento del día sucede?

¿Qué temperatura hace?

¿Hay luz, es natural, de qué intensidad?

¿Notas algún olor?

¿Quizá un sabor?

¿Quién hay contigo?

¿Cómo vais vestidos?

¿Qué gestos hacéis?

¿Estáis de pie o sentados?

¿De qué habláis?

¿Qué dice cada uno?

¿Hay otros sonidos?

¿Cómo te sientes?

¿Puedes poner nombre a esa emoción?

Siéntela, entra a fondo en ese día, en esa hora, en ese lugar, en esa situación.

¿Qué querrías haber hecho de otra forma?

¿Qué recurso crees que te faltó?, ¿qué recurso no utilizaste, que, de haberlo hecho, el resultado habría sido otro?

Date tiempo a pensar en él. Sé concreta.

¿Lo tienes?

Ahora, sal de tu línea de tiempo.
Te invito a que te desprendas de la emoción de ese momento, quizá sacudiendo las manos, dando pequeños saltos o de cualquier otra forma que te lleve a pensar en otra cosa, por ejemplo, dónde has pasado las últimas vacaciones o con quién te gustaría salir las próximas.

De nuevo, fuera de la línea de tiempo, piensa en cuándo sí has utilizado el recurso que hubieras querido tener a tu disposición para resolver mejor esa situación concreta. ¿Lo tienes?
Entra en tu línea de tiempo y colócate en el lugar del pasado en el que supiste utilizar ese recurso. Conéctate con la escena, ya has aprendido a hacerlo: mira lo que mirabas, escucha lo que escuchabas, siente lo que sentías.
Cuando estés reviviendo la escena, llénate del recurso, experimenta esa sensación, imagina que es un objeto, dale forma, tamaño, color, quizá un sabor y un olor especiales,  un sonido, incluso una palabra o una frase que significa eso que es estar en posesión del recurso. Tenlo ante ti, en tus manos, en tu interior. Ahora forma parte de ti y está au disposición para cuando lo necesites.

Avanza por la línea hasta llegar al momento del pasado en el que necesitaste ese recurso. Conéctate con él, míralo, escúchalo y siéntelo.
En esa nueva disposición, ponle cara a la situación y actúa utilizando el recurso, ese que está para ti disponible. Reinventa la escena y vívela de nuevo. Haz los cambios que necesites. Observa cómo se comportan los demás, qué dicen y qué hacen cuando tú actúas de esa forma nueva, con el recurso que ya sabes utilizar.

Disfruta de cada sensación, llénate de ellas, de las nuevas miradas, de los sonidos y palabras que la acompañan.

Cuando haya finalizado la escena, avanza por la línea de tiempo hasta el presente, llevándote contigo el recurso, ese objeto y esa palabra que lo simbolizan.
Experimenta cómo te sientes ahora que ya sabes que sabes.

Sal de la línea de tiempo y suéltalo todo.

¿Qué vas a hacer después de leer este artículo que he escrito para ti?

Y, si quieres seguir avanzando hacia el futuro, hasta el lugar que decidas ir y vivir con ese recurso a tu disposición. ¿Qué cambiaría en tu vida?

¿Te atreves a experimentarlo?

 

Haz clic aquí para descargar el ejercicio en PDF

Te propongo que hagamos el siguiente viaje, en un nuevo recorrido por este espacio que está siempre a tu disposición.

Te espero en el próximo artículo de mi blog, El Rincón de Cleo.

 

María Luisa Martín Miranda

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¿Qué camino escoges?

Por Lunes, enero 12, 2015

Cuando salgo a andar y llevo el tiempo justo, suelo ir por el mismo camino, el que empieza nada más cruzar la calle. Es como si mi mente dibujara una línea recta desde el origen al punto de destino y me indicara que por ahí llego antes. Sería algo parecido a ir trazando líneas rectas entre los distintos puntos del recorrido para ir acortándolo.

Curiosamente, este camino no es el mismo que utilizo para regresar. Porque a mi vuelta, al llegar a una de las posibles bifurcaciones, se abre otro más amplio entre los árboles del parque y, aunque es en cuesta, lo cojo. Por él circunvalo el de ida, lo rodeo en sus tramos medio y final.

Esta tarde salía de casa, como es habitual en mí en los últimos meses, con una hora fijada para el paseo, llegada y salida, es decir, sin tiempo para imprevistos.

Cuando, a mitad del paseo, me he dado cuenta de que estaba trazando ese imaginario recorrido óptimo y que luego haría otro diferente, me he preguntado, ¿qué me lleva a tomar esa decisión, a escoger uno y otro camino en dos momentos diferentes?

La respuesta es que mi mente visualiza el camino más cercano como el más rentable para mí en ese aquí y ahora inmediatos, sin evaluar los pormenores del recorrido y la inversión que debo hacer en cada uno, de tiempo, espacio y esfuerzo. Es una visión general, una valoración global de la situación.

Esto significa que he primado la inmediatez y quizá algo más. Algo parecido a sentir que era lo correcto, lo que más me convenía. A la ida, voy con el tiempo justo. A la vuelta, puedo entretenerme un poco, a pesar de lo que a esas horas ya me pesa el día.

 Cada elección tiene un coste y una ganancia. La primera, ir por un camino menos bonito para mí y el creer que llego antes, que atajo. La segunda, que, a pesar de la cuesta y quizá del cansancio, puedo disfrutar del regreso sin la presión del tiempo, que aún tengo fuerzas y ganas para entretenerme en un tiempo que es para mí. Es como si el camino de ida me llevara a mi destino, lo antes posible, sin perderme en dudas. Y el de vuelta, me alejara de las prisas imaginadas del día y me dejara un tiempo sin límites.

Aunque ambas elecciones tienen un objetivo distinto, en cada una de ellas se esconde una estrategia similar. En los dos casos escojo el camino más cercano y luego lo rentabilizo.

Mi mente es capaz de sacar lo mejor de cada elección. El paseo de hoy me ha ayudado a darme cuenta.

Ésta es una forma de tomar decisiones. Hay otras.

A la hora de elegir, optimizar, maximizar y satisfacer son aspectos a considerar en función del resultado buscado.

Podía haber maximizado este proceso, evaluando exhaustivamente cada uno de los aspectos a considerar, ponderándolos según el valor atribuido. Así tendría la mejor de las decisiones de entre todas las posibles.

También me podía haber quedado satisfecha con la primera opción mínimamente aceptable, sin pensar más allá.

En mi caso, lo que he hecho es optimizar la elección, al generar una respuesta que me ha permitido alcanzar un equilibrio entre los distintos componentes en juego en ese momento para mí.

Aprender a reconocer cómo elegimos nos permite ser conscientes de nuestros deseos y necesidades, de nuestras preferencias. Y, además, nos aporta el valor de poder generar opciones distintas, adecuadas a cada tipo de decisión y momento.

 Y tú, ¿qué camino escoges?

Te propongo un ejercicio para desarrollar habilidades para la toma de decisiones efectiva. Haz click aquí para ir al ejercicio.

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