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Ejercicio “UN VIAJE EN EL TIEMPO”

Por Martes, mayo 17, 2016

¿Quieres aprender a descubrir recursos, a rescatarlos y ponerlos a tu disposición?

En mi anterior post, “Celebrar”, de El Rincón de Cleo, te hablaba de cómo a veces sí sabemos hacer algo, pero ese conocimiento no lo ponemos a disposición de otras situaciones de nuestras vidas. Aunque, a veces, ni sabemos que sabemos.

Para explorar este galimatías y llegar a buen puerto, te propongo un viaje en el tiempo para descubrir eso que sabes pero no sabes que sabes.

Me dirigiré a ti como la persona que explora en su vida para hallar recursos. Para ello, busca un lugar en el que puedas estar tranquila, al menos veinte minutos, con espacio suficiente como para hacer un recorrido de unos dos metros sin obstáculos. ¿Lo tienes? Desconéctate del móvil durante ese tiempo y dedícatelo a ti.

Empezamos.

ejercicio pnl linea del tiempoImagina que el tiempo de tu vida se extiende en una línea imaginaria delante de ti. En el centro está tu presente y a cada lado (derecho o izquierdo, según escoges), tu pasado y tu futuro.

Da un paso al frente y sitúate en el centro de esa línea, en tu aquí y ahora.
Respira profundamente, como si te llenaras de aire el abdomen, retiene un instante ese aire y expúlsalo lentamente por la nariz. Repite la respiración dos o tres veces hasta que notes que empiezas a estar más relajado, a conectar con ese punto imaginario de tu línea de tiempo en el que vives tu presente, sin expectativas.

En ese momento, cuando notes que conectas contigo, que estás tranquila, piensa en una situación concreta en la que hubieras deseado actuar de otra forma.

Camina hacia atrás hasta colocarte en el momento en que sucedió dentro de tu línea de tiempo. Cuando sientas que has llegado allí, métete en ella. Puedes ayudarte cerrando los ojos y visualizando la escena. Mira lo que mirabas, escucha lo que escuchabas, siente lo que sentías.

¿Dónde estás?

¿En qué momento del día sucede?

¿Qué temperatura hace?

¿Hay luz, es natural, de qué intensidad?

¿Notas algún olor?

¿Quizá un sabor?

¿Quién hay contigo?

¿Cómo vais vestidos?

¿Qué gestos hacéis?

¿Estáis de pie o sentados?

¿De qué habláis?

¿Qué dice cada uno?

¿Hay otros sonidos?

¿Cómo te sientes?

¿Puedes poner nombre a esa emoción?

Siéntela, entra a fondo en ese día, en esa hora, en ese lugar, en esa situación.

¿Qué querrías haber hecho de otra forma?

¿Qué recurso crees que te faltó?, ¿qué recurso no utilizaste, que, de haberlo hecho, el resultado habría sido otro?

Date tiempo a pensar en él. Sé concreta.

¿Lo tienes?

Ahora, sal de tu línea de tiempo.
Te invito a que te desprendas de la emoción de ese momento, quizá sacudiendo las manos, dando pequeños saltos o de cualquier otra forma que te lleve a pensar en otra cosa, por ejemplo, dónde has pasado las últimas vacaciones o con quién te gustaría salir las próximas.

De nuevo, fuera de la línea de tiempo, piensa en cuándo sí has utilizado el recurso que hubieras querido tener a tu disposición para resolver mejor esa situación concreta. ¿Lo tienes?
Entra en tu línea de tiempo y colócate en el lugar del pasado en el que supiste utilizar ese recurso. Conéctate con la escena, ya has aprendido a hacerlo: mira lo que mirabas, escucha lo que escuchabas, siente lo que sentías.
Cuando estés reviviendo la escena, llénate del recurso, experimenta esa sensación, imagina que es un objeto, dale forma, tamaño, color, quizá un sabor y un olor especiales,  un sonido, incluso una palabra o una frase que significa eso que es estar en posesión del recurso. Tenlo ante ti, en tus manos, en tu interior. Ahora forma parte de ti y está au disposición para cuando lo necesites.

Avanza por la línea hasta llegar al momento del pasado en el que necesitaste ese recurso. Conéctate con él, míralo, escúchalo y siéntelo.
En esa nueva disposición, ponle cara a la situación y actúa utilizando el recurso, ese que está para ti disponible. Reinventa la escena y vívela de nuevo. Haz los cambios que necesites. Observa cómo se comportan los demás, qué dicen y qué hacen cuando tú actúas de esa forma nueva, con el recurso que ya sabes utilizar.

Disfruta de cada sensación, llénate de ellas, de las nuevas miradas, de los sonidos y palabras que la acompañan.

Cuando haya finalizado la escena, avanza por la línea de tiempo hasta el presente, llevándote contigo el recurso, ese objeto y esa palabra que lo simbolizan.
Experimenta cómo te sientes ahora que ya sabes que sabes.

Sal de la línea de tiempo y suéltalo todo.

¿Qué vas a hacer después de leer este artículo que he escrito para ti?

Y, si quieres seguir avanzando hacia el futuro, hasta el lugar que decidas ir y vivir con ese recurso a tu disposición. ¿Qué cambiaría en tu vida?

¿Te atreves a experimentarlo?

 

Haz clic aquí para descargar el ejercicio en PDF

Te propongo que hagamos el siguiente viaje, en un nuevo recorrido por este espacio que está siempre a tu disposición.

Te espero en el próximo artículo de mi blog, El Rincón de Cleo.

 

María Luisa Martín Miranda

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¿A QUÉ LLAMO INNOVACIÓN?

Por Martes, mayo 3, 2016

La innovación ha sido una de las últimas propuestas formativas en las que me han pedido colaborar. Me encanta participar en el desarrollo personal y profesional de las personas y de las organizaciones. Para mí es un lujo tener la posibilidad de compartir la experiencia entre grandes profesionales, empeñados en su mejora permanente, abiertos al cambio. En esta propuesta, en la que pude compartir el aprendizaje con docentes universitarios, les planteaba esa pregunta: qué es la innovación, cómo abordarla en el aula para ser los líderes del cambio que deseamos ser, que queremos generar y en el que deseamos participar. La palabra más certera sería co-crear.

Una de las personas con las que me formé comentaba que el Coaching era un trabajo en el que pagaba uno y aprendían dos, el coachee y el coach. Esto es lo que a mí me sucede con cada curso, taller o encuentro en torno al desarrollo de nuestra inteligencia emocional, de nuestra comunicación con el mundo, de nuestras habilidades en las relaciones, de nuestras competencias en grupo y en equipo. En cada una de estas ocasiones sigo aprendiendo y ninguna de ellas es igual a ninguna otra.

Es una suerte poder dedicarme a lo que me apasiona. Y esto no significa que no me suponga un esfuerzo, que no me cueste, que no acabe cansada, incluso agotada o un poco más, que no me duelan algunos de estos aprendizajes que vivo en primera persona del singular, en mí misma y para mí. En este caso lo que singularmente aprendo es cómo gestionar más eficazmente mis emociones y cómo seguir haciéndolo mejor.

¿Te has sentido alguna vez desbordada por algo a lo que ni siquiera podías poner nombre?

Las emociones nos suceden, nos ocurren, nos invaden a veces, no desbordan si cabe y se lo permitimos. La clave está en darme cuenta de qué me está pasando, dejar que suceda, darle un tiempo y un espacio a que se exprese y luego indagar, ¿qué pensamiento hay detrás de esa emoción, de eso que siento? Descubrirlo es el proceso de mejora constante y, como consecuencia, de innovación.

¿Qué puedo hacer diferente para tener otro resultado?, ¿qué debo mantener, optimizar o impulsar aún más?, ¿qué puedo disminuir o  eliminar, definitivamente o por el momento?

A veces son pequeños cambios y muchas de las veces son sólo eso. Tan pequeños que puedo ser yo la única persona que los note al principio. Como la primera onda en un estanque. Pero, ¿qué pasa con las siguientes? Sí, eso, lo que estás viendo ahora, la imagen que te devuelve tu mente. Lo que pasa es que acaban en una enorme ola que se extiende hasta los extremos y termina por abarcarlo todo.

Les preguntaba a los alumnos-profesores, ¿qué hacemos antes de innovar?, ¿cómo es el ciclo de la innovación? I + D + I son las siglas con las que hace años se identifica en las empresas esta secuencia de mejora: investigar, desarrollar e innovar.  Y cuando nos planteamos innovar en el aula para liderar el cambio, ¿de qué estamos hablando?

Para investigar invertimos recursos, personales, materiales y financieros, con el fin de obtener ideas. En la fase de desarrollo, esas ideas son puestas en práctica y testadas para su optimización. Finalmente, al innovar lo que hacemos es invertir nuevas ideas para obtener fuentes de recursos renovables, avanzando por otros caminos, manteniendo o descartando algunos de los ya conocidos.

Esto significa que he de saber qué hago y cómo lo hago antes de planificar alternativas. La mejora tradicional se inicia con el diagnóstico de la posición de partida y de la proyección de a dónde quiero llegar.

innovacion quien eras antes de ser quien eresPara ayudarnos a ver esto claro, invité a los alumnos a que se hicieran la pregunta que dejo aquí para ti: ¿quién eras antes de que alguien te dijera quién deberías ser?

Estamos tan acostumbrados a seguir caminos que otros han planificado por nosotros que a veces ni nos damos cuenta de que estamos andando o de que nos hemos parado y no sabemos dónde.

Podemos imaginar nuestras caras cuando alguien nos pregunta una cosa así: confusión, absurdo, desconcierto, incredulidad, sorpresa… Son el reflejo de las emociones que mostramos ante la incertidumbre, el no saber a qué atenernos o el no querer saber. A veces preferimos que nos señalen el camino y el ritmo. Creemos que es una forma de mantenernos a salvo, sin cruzar la barrera, sin exponernos, sin salir de la zona de confort.

Cualquier cambio que queramos introducir en nuestras vidas, también en lo profesional, como es el cambio en el aula, pasa por saber en qué momento del camino estamos y cuál es ese camino. Y cualquier cambio que queramos introducir en los otros pasa por experimentarlo nosotros primero.

Si yo no he experimentado lo que se siente cuando hago frente a una situación, sea la que sea, la más sencilla, la más trivial, cómo voy a poder acompañar a otra persona a vivir su propio cambio.

Liderar es liderar-me primero.

La responsabilidad de acompañar el crecimiento profesional de otros se ejerce en primera persona desde la propia responsabilidad con el compromiso de saber quién soy y quién quiero ser. Luego veré cómo hacerlo. Aprenderé a hacerlo, ensayaré caminos distintos y ritmos diferentes, los míos. Buscaré y encontraré alternativas, y momentos de parar y recapitular antes de seguir.

Acompañando el cambio desde el liderazgo en el aula de estas valiosas personas, los profesores, me di cuenta de cómo es mi propio liderazgo, de cómo lo ejerzo y qué resultados obtengo. Ésta es la propuesta más honesta que les pude hacer, mirar hacia adentro de ellos mismos, contemplarse en el espejo de sus compañeros y de sus alumnos y seguir indagando.

¿Qué puedo desarrollar, mantener, optimizar, reducir, eliminar y generar de entre todas las opciones a mi alcance, para ser la persona y la profesora líder que deseo ser, la que cubre mis propias necesidades, la que necesitan mis alumnos y satisface sus expectativas? Pregunto, me pregunto a mí misma y les pregunto a ellos. Me pongo en su posición perceptiva, como decimos en PNL. ¿Qué ve, escucha y siente cada uno desde otra persona que no soy yo, que es el otro?, y ¿qué puede estar dejando de ver, escuchar y sentir?

Me sitúo en el lugar desde el que observa el mundo, desde el observador que es, como decimos en Coaching. Y lo hago con su ayuda, con la escucha activa de sus conversaciones, de cómo se comunica, de cómo son sus interrelaciones.

Este cambio de perspectiva nos permitirá encontrar opciones diferentes, recursos propios que debo poner en juego, descubrirlos y entrenarlos. Seguramente me llevará a lugares ocultos muy a la vista, como son mis creencias, desde las que me permito o no actuar.

La mejor herramienta de un líder-coach es la escucha.

Practicarla eficazmente le facilita la investigación, el desarrollo y la innovación permanentes. Esa eficacia dependerá de su capacidad para compartir su mundo y entender el del otro.

La primera escucha a practicar es la de uno mismo, con uno mismo. Es sentarse y prestar atención a ese diálogo interno permanente que me pasa tan desapercibido cuando, sin embargo, determina mi sentir y mi actuar.

La segunda escucha es prestar atención al otro, a sus palabras y silencios, a sus gestos, a su postura, a su mirada, a su voz, a los cambios de respiración, a cómo se altera casi imperceptiblemente determinados aspectos de su piel a lo largo de su comunicación.

Por aquí empezamos juntos la indagación del mundo profesional de cada docente, del suyo propio y de cómo quería que fuera en adelante.

Es un viaje apasionante, lleno de descubrimientos, sorpresas y retos.

Se trata de un viaje que nos sacará de muchos lugares conocidos, de muchos espacios de comodidad y nos plantará cara a cara con nuestras creencias, nuestros retos, nuestras necesidades, nuestros valores, nuestras capacidades para ser quienes un día quisimos ser y quienes hoy estamos decididos a llegar a ser, en el aula, siendo líderes del cambio que proponemos.

¿Qué clase de cambio quieres tú?, ¿por qué es importante para ti?, ¿qué dificultades prevés y cómo vas a solucionarlas?, ¿a qué te comprometes?, ¿qué estás dispuesto a hacer para conseguirlo?, ¿cuándo vas a empezar?

 

 

 

 

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¿Hablas o te comunicas?

Por Domingo, junio 7, 2015

A menudo nos decimos que nos falta comunicación, que necesitamos más comunicación, que la comunicación falla, que es imposible comunicarse, que se nace comunicador o no, ¿no es verdad? Estos son algunos de los mitos de la comunicación que contribuyen a que nuestras conversaciones no alcancen nuestras expectativas y vivamos casi en un continuo malentendido.

Sin embargo hay quienes se comunican de otra forma. Ellos practican una comunicación con nombre y apellido, una comunicación eficaz. ¿Cómo lo hacen? ¿Es posible ser uno de ellos y ahorrarme conflictos, enfrentamientos y frustraciones? Claro, si alguien puede, todos podemos. Es cuestión de aprender.

Comunicarse eficazmente es algo muy distinto a hablar más. No se trata de cantidad sino de calidad.

 ¿Cómo son mis comunicaciones? ¿Qué canal utilizo?, ¿identifico el que utiliza mi interlocutor?, ¿cómo puedo sintonizar con él?, ¿empleo las palabras adecuadas, las que quieren decir lo que quiero decir y las que la otra persona comprende?

Además de con palabras, ¿cómo me comunico? ¿Qué dicen de mí mis gestos, mi postura, mi imagen, mis silencios, mi voz, mi mirada?

¿Te has preguntado alguna vez qué fue lo que pasó para que no te entendieran con lo claro que creías haber hablado o que no aceptaran tu ofrecimiento cuando tu mensaje era tan positivo? Ponte en el lugar de tu interlocutor, mírate con sus ojos, escúchate con sus oídos, experimenta la emoción o el sentimiento que produce tu mensaje en él.

¿Hablas o te comunicas?El lenguaje nos abre y cierra puertas. Con el lenguaje abrimos y cerramos puertas. ¿Notas la diferencia entre las dos expresiones?

Una cosa es escoger y otra que te escojan. Cuando aprendo a verme, escucharme y sentirme tengo la oportunidad de comprender el mensaje de la otra persona en su totalidad. Cuando me comunico eficazmente, mi interlocutor entiende lo que le digo y cómo se lo digo, con congruencia entre mis palabras y mis gestos, entre mi comunicación verbal y no verbal.

Esta congruencia es lo que da credibilidad a lo que digo y permite que sea entendido mi mensaje. Cuando estoy atenta a mi comunicación no verbal, puedo ver si la otra persona también me entiende. ¿Cómo lo hago? Observando los gestos, postura y mirada del otro, el tono y timbre de su voz que refuerza o no lo que me dice. Es un proceso dinámico, una reacción bidireccional en la que ambos participamos activamente, queramos o no, porque es imposible no comunicarse.

La comunicación no verbal traduce nuestras palabras en clave, dándoles o quitándoles crédito. Mientras observo y me observo para sincronizar mis palabras y gestos con los de mi interlocutor, estoy poniendo mi forma de entender el mundo a disposición de la forma de entenderlo del otro. En ese momento comparto mi mapa con el suyo. Es como si extendiera ese mapa mental que contiene la representación de mi mundo, de mi forma de entenderlo, ante los ojos del otro, facilitándole a él también que me muestre el suyo para llegar a entendernos. Si lo logramos, estaremos más cerca de aceptarnos y, quizá, de caminar un tramo juntos. Desde luego, habremos conseguido saber de qué hablamos cada uno, sin malos entendidos.

La PNL (Programación Neuro-Lingüística) nos abre las puertas a esa comprensión del mundo, del propio y del ajeno. Escuchar, ver y sentir son nuestros canales de comunicación y representación de la realidad. Son los caminos que utilizamos para crear nuestro mapa.

¿Qué podemos hacer para aprender a comunicarnos eficazmente? y ¿cómo lo hacemos? Utilizando nuestros sentidos, nuestros canales de aprehensión del mundo.

¿Te animas a verte, escucharte y sentirte?, ¿te atreves a ver, escuchar y sentir al otro? Si lo haces, estarás preparado para comunicarte eficazmente.

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Una brizna de autoridad o ¿qué pasaría si pudieras?

Por Domingo, junio 7, 2015

En un lugar de la vida de cuyo nombre no puedo acordarme…

 

Eso me decía mi mente durante el paseo, mientras escuchaba la lluvia en una tarde de verano agotador en medio de la primavera. La magia de la tecnología y la locura del clima. Al pasear, me conecto a mi música, a mis sonidos preferidos y los escucho en medio de cualquier ambiente, incluso en el tórrido de Madrid a finales de este mayo. Me encanta el sonido del agua, me vincula con mi creatividad a través de las sensaciones de serenidad y plenitud que experimento.

¿Cuál es el sonido que te sirve a ti?

Había salido con el objetivo de escribir sobre coaching, justo después de escuchar la noticia de la edición de un Quijote traducido al castellano actual. Para terminar, digo yo, la asignatura pendiente de casi todos los hispano-hablantes. El autor estaba convencido de que así, de la misma forma que quienes lo hacían en traducciones a otros idiomas, podríamos también aquí leer tan magnífica obra. Y luego incluso atrevernos con la original, en ese castellano antiguo bello, rico y desconocido.

¿Tienes alguna asignatura pendiente?

Y hablando de asignaturas, ¿qué tal tu relación con la autoridad? Nos pasamos la vida, bueno, gran parte de ella algunos, peleando contra quien nos dice qué hay que hacer y añorando que alguien nos lo diga. Así somos o así nos comportamos.

¿Te has dado cuenta de cómo eres y cómo te comportas frente a la autoridad?

Yo he aprendido a permitirme observar mi comportamiento y a desligarlo de quién soy. Al menos, en algunas ocasiones, cada vez más, las suficientes para que esto mismo se convierta en mi forma de comportarme frente a mí. Me observo y dejo para luego juzgarme. A esto lo llamo, quererme. Y este querer nace de aceptarme a mí misma para luego poder, si quiero, si lo necesito, hacer algo diferente, más saludable en ese momento para mí y para mi vida.

¿Puedes encontrar en tu vida momentos en los que te has juzgado sin compasión?

Ahora que escribo lo que pensaba, mi cerebro se va centrando en un camino entre los muchos que recorría al pasear esta tarde. Ahora es el momento del análisis de lo creado, de poner palabras concretas a las emociones y experiencias del paseo. Es mi mente racional al servicio de la planificación, de qué escribir, cómo y para qué. Escojo hablarte de tú y preguntarte como si estuviéramos cara a cara.

¿Te has parado a pensar alguna vez en cómo planificas lo que haces?

Y, según sigo escribiendo, me doy cuenta de posibles errores de interpretación o de explicación por mi parte, o de la confusión que puedo generar, y exploro otras alternativas. Me adelanto al resultado, a tu lectura, me pongo en tu lugar y sale mi yo crítico positivo para conseguir hacerlo mejor, hasta donde yo puedo en este momento.

¿Utilizas la crítica para crecer o para sufrir?

Te invito a que observes estas tres formas de pensar que tú también tienes, la creativa, sin límites, la analítica que planifica cómo operar en concreto, y la crítica para adelantarte a los errores y corregirlos.

¿Hablas o te comunicas?¿Y esto qué tiene que ver con la autoridad?, quizá te estés preguntando. ¿A ti qué te parece? Tu opinión es la que cuenta. Lo que yo puedo aportarte es que en mi vida he encontrado personas en las que confío y de las que aprendo, a las que pregunto cuando dudo o estoy confundida o, simplemente, quiero escuchar otro punto de vista. Y, entre esas personas, me encuentro yo. Sí, a mí recurro cada día como fuente de autoridad en mi vida. ¿Quién mejor que yo me conoce?, ¿quién sabe lo que mi corazón siente o mi mirada percibe o mi mente sueña?

Éste es un lugar de mi vida al que he llamado mi rincón del Coaching. El espacio y el tiempo en que me permito preguntarme a mí misma, como cuando converso con la persona que ha confiado en mí. ¿Para qué? Para que la acompañe en su camino de descubrimiento.

¿Quieres convertirte en tu propia fuente de autoridad?

Esto es Coaching, una conversación en la que llegues a preguntarte qué haces, qué piensas, que sientes, quién eres, y cómo quieres ser y hacer en adelante. ¿Para qué? Para aprobar con nota tus asignaturas pendientes, si realmente quieres conseguirlo.
¿Quieres aprobar de una vez por todas?

Esto es Coaching con mayúsculas. Es acompañar a descubrir esa brizna de autoridad que todos llevamos dentro y aprender a ponerla a nuestro servicio.
¿Qué pasarías si pudieras?

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Ejercicio para la toma de decisiones

Por Lunes, enero 12, 2015

Si tú no decides, alguien lo hará por ti.

Por eso te animo a que leas mi post “¿Qué camino escoges?” y reflexiones sobre cómo tomas tú las decisiones. Y luego, a que practiques este ejercicio que te ayudará a desarrollar habilidades en la toma de decisiones a hacerlo de una manera consciente con este ejercicio que te propongo.

Vivir es elegir. Lo hacemos constantemente, de manera consciente o inconsciente, programada o sobre la marcha. Y según dicen los expertos, de entre las muchas estrategias para tomar decisiones, la mayoría de las veces sólo utilizamos 4 ó 5. Lo más curioso es que estas mismas estrategias las aplicamos a decisiones tan cotidianas como la compra diaria en el súper o por dónde vamos al trabajo, o de tanto alcance como cambiarnos de casa o de trabajo.

En este post te invito a entrenar tus habilidades en la toma de decisiones.

No existe la decisión ideal, porque en todas hay incertidumbre, y cualquiera que tomemos tendrá ventajas e inconvenientes. Pero sí podemos aprender a tomarlas con mayor eficacia y con mejores resultados.

Para llegar ahí, ¿qué necesitas saber? y ¿qué tienes que hacer?

Lo primero, conocerte, saber de ti. Porque sabiendo esto podrás tomar la decisión más acorde, la que te proporcionará una sensación mayor de serenidad y de acierto.

Entrenarme para conocer qué es lo que quiero y qué es lo que no quiero en mi vida.

toma de desiciones 1

 Toma papel y lápiz y dibuja un cuadro con cuatro casillas, como el que te pongo más abajo, y escribe en ellas:

 

1ª Casilla: lo que quiero y tengo.

 

2ª Casilla: lo que quiero y no tengo.

 

3ª Casilla: lo que no quiero y tengo.

 

4ª Casilla: lo que no quiero y no tengo.

 

Date tiempo para pensar sobre el contenido de cada una. Sé concreto y expresa tu pensamiento con sencillez.

 

¿Qué casilla te ha costado más?, ¿cuál ha sido más fácil?

¿Son todos los contenidos del mismo peso?

¿Hay alguno más relevante para tu vida?, ¿en qué casilla esta?

¿Has descubierto algo que te llama la atención?, ¿algo que no sabías?

 ¿Qué has aprendido de ti al hacer el ejercicio?

Ejercicio-de-toma-de-decisiones

 

Para descargar el ejercicio en formato PDF, haz click aquí.

Este ejercicio está basado en la propuesta de G. Bertolotto para trabajar el diseño de objetivos, a partir de los estudios de R. Bandler, co-creador de la PNL, sobre alejamiento y acercamiento, que son las direcciones vitales de nuestra mente.

 

A partir de ahora, ¿hacia dónde te quieres mover?

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¿Qué camino escoges?

Por Lunes, enero 12, 2015

Cuando salgo a andar y llevo el tiempo justo, suelo ir por el mismo camino, el que empieza nada más cruzar la calle. Es como si mi mente dibujara una línea recta desde el origen al punto de destino y me indicara que por ahí llego antes. Sería algo parecido a ir trazando líneas rectas entre los distintos puntos del recorrido para ir acortándolo.

Curiosamente, este camino no es el mismo que utilizo para regresar. Porque a mi vuelta, al llegar a una de las posibles bifurcaciones, se abre otro más amplio entre los árboles del parque y, aunque es en cuesta, lo cojo. Por él circunvalo el de ida, lo rodeo en sus tramos medio y final.

Esta tarde salía de casa, como es habitual en mí en los últimos meses, con una hora fijada para el paseo, llegada y salida, es decir, sin tiempo para imprevistos.

Cuando, a mitad del paseo, me he dado cuenta de que estaba trazando ese imaginario recorrido óptimo y que luego haría otro diferente, me he preguntado, ¿qué me lleva a tomar esa decisión, a escoger uno y otro camino en dos momentos diferentes?

La respuesta es que mi mente visualiza el camino más cercano como el más rentable para mí en ese aquí y ahora inmediatos, sin evaluar los pormenores del recorrido y la inversión que debo hacer en cada uno, de tiempo, espacio y esfuerzo. Es una visión general, una valoración global de la situación.

Esto significa que he primado la inmediatez y quizá algo más. Algo parecido a sentir que era lo correcto, lo que más me convenía. A la ida, voy con el tiempo justo. A la vuelta, puedo entretenerme un poco, a pesar de lo que a esas horas ya me pesa el día.

 Cada elección tiene un coste y una ganancia. La primera, ir por un camino menos bonito para mí y el creer que llego antes, que atajo. La segunda, que, a pesar de la cuesta y quizá del cansancio, puedo disfrutar del regreso sin la presión del tiempo, que aún tengo fuerzas y ganas para entretenerme en un tiempo que es para mí. Es como si el camino de ida me llevara a mi destino, lo antes posible, sin perderme en dudas. Y el de vuelta, me alejara de las prisas imaginadas del día y me dejara un tiempo sin límites.

Aunque ambas elecciones tienen un objetivo distinto, en cada una de ellas se esconde una estrategia similar. En los dos casos escojo el camino más cercano y luego lo rentabilizo.

Mi mente es capaz de sacar lo mejor de cada elección. El paseo de hoy me ha ayudado a darme cuenta.

Ésta es una forma de tomar decisiones. Hay otras.

A la hora de elegir, optimizar, maximizar y satisfacer son aspectos a considerar en función del resultado buscado.

Podía haber maximizado este proceso, evaluando exhaustivamente cada uno de los aspectos a considerar, ponderándolos según el valor atribuido. Así tendría la mejor de las decisiones de entre todas las posibles.

También me podía haber quedado satisfecha con la primera opción mínimamente aceptable, sin pensar más allá.

En mi caso, lo que he hecho es optimizar la elección, al generar una respuesta que me ha permitido alcanzar un equilibrio entre los distintos componentes en juego en ese momento para mí.

Aprender a reconocer cómo elegimos nos permite ser conscientes de nuestros deseos y necesidades, de nuestras preferencias. Y, además, nos aporta el valor de poder generar opciones distintas, adecuadas a cada tipo de decisión y momento.

 Y tú, ¿qué camino escoges?

Te propongo un ejercicio para desarrollar habilidades para la toma de decisiones efectiva. Haz click aquí para ir al ejercicio.

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