Dar testimonio

Por Martes, febrero 17, 2015

Dar testimonio es ofrecer la palabra propia como afirmación de algo. Ser testigo de que algo fue así, tal y como se cuenta. En coaching, se dice que las afirmaciones, uno de los actos lingüísticos básicos, describen el mundo, hablan de él sin enjuiciarlo.

Mediante el testimonio de alguien, podemos conocer lo sucedido sin haber estado allí. Es como si nuestros sentidos pudieran percibir eso ocurrido a través de los ojos y oídos del otro.

 Los testimonios nos permiten conocer lo que aún no conocemos. Por eso es tan importante dar testimonio. Y por eso es imprescindible que cumpla con su propósito de fidelidad a la experiencia, a la realidad observada. El testigo se convierte así en un referente que pone su crédito personal como aval de esa realidad de la que da cuenta.

¿Has ido alguna vez a algún sitio, has hecho un viaje, porque alguien te lo ha recomendado?, ¿has hecho algún curso basándote en lo que te han dicho?, ¿has comprado algo por recomendación de alguien?

Yo no entiendo de coches, antes decía incluso que no me gustaban. Pero ya he tenido varios. La decisión de comparar cada uno ha estado basada, fundamentalmente, en lo que una persona muy querida por mí y que sí entiende, me ha dicho en cada ocasión. Su testimonio ha sido la clave para que yo pudiera elegir con confianza, con la seguridad de que lo estaba haciendo bien.

 Yo no entiendo de muchas cosas ni he estado en muchos sitios. Pero si algún día decido hacer el viaje que sueño, preguntaré a mi referente en esto. Alguien que sí ha estado allí y ya ha vivido esa experiencia. Alguien en quien confío plenamente.

Nuestra vida está plagada de decisiones grandes como la alta copa de una  secuoya roja, o pequeñas como una perrita pincher miniatura. Las hay de todos los tamaños, entre las que tomamos escuchando el testimonio de otros.

Nos ayudan a elegir. Nos facilitan esto que llamamos vivir. La vida es una elección permanente.Dar testimonio“El que manda no se pertenece a sí mismo”, dice Dña. María Pacheco, regidora de Toledo tras la ejecución de su marido, Juan de Padilla, capitán general de los comuneros de Castilla, en la película “La leona de Castilla”. Una película muy antigua que acabo de ver por casualidad justo cuando estaba escribiendo este texto.

A la viuda de Padilla se la llamó “el último de los comuneros”. Fue una mujer valiente que defendió sus creencias frente a todos por salvaguardar los valores de su pueblo, sus fueros, su libertad.

Ella eligió ser leal y fiel a los principios que compartía con su esposo y con su pueblo. Ella eligió, siguiendo el testimonio de su esposo. Eligió mandar cuando todo estaba perdido, le decían algunos. Pero siguió a su corazón que latía de acuerdo a los principios de quien más quería y respetaba.

Ésta fue una de esas decisiones grandes que trascienden nuestras propias vidas.

Ayer, comiendo con mi madre, le dije que se ayudara con el pedacito de biscote, como hacía en el hospital. ¿Qué hospital?, me preguntó. Ya no recordaba que, en la antesala de la navidad, la habían operado por romperse la cadera, la otra, la buena, como decía hasta entonces.

En ese momento elegí aceptar, como ella, como me enseñaba con su testimonio, que la vida se vive en presente, como su presente continuo.

Al dar testimonio ayudamos a decidir de entre las posibilidades que alguien se plantea. Pero, sobre todo, somos coherentes y fieles a nuestro compromiso con la verdad de la realidad que hemos vivido, de la que hemos sido testigos.

 Te animo a que des tu testimonio, a que lo dejes a disposición de quien pueda necesitarlo, aquí mismo, en esta página que construimos juntos.

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